jueves, 16 de diciembre de 2010

Be Italian



Mateo, Pedro y Tomás han sido los tres italianos que pasaron por mi vida culpables de que en cuanto vea unos labios preciosos, piel morena, una nariz grande y un cuello de camisa desabrochado me muerda los labios, frunza el ceño, apriete los puños y desee tener un Martini cerca para tirárselo a la cara.

Qué mentirosos, qué apasionados, qué zalameros, qué buen cuerpo tienen, qué insensibles...

Volvería a repetirlo, pero sin creerme nada de lo que me dicen.

Precipitado en sentirme viejo (y no era de mi especie)

Muy decidido y motivado por un e-mail en mi facebook a propósito del post de ayer en el que me decía un lector que era precioso y muy interesante la situación que describí, llamé al chico joven, yo estaba eufórico con mis nuevos sentimientos, me comporté exactamente como se comportaron antaño conmigo y recurrí a todo lo que me gustó entonces de mis chicos.


Y no me arrepiento de lo que escribí ayer, pero ni 24 horas ha durado la magia, el pobre chico no era lo que parecía en absoluto. A pesar de tener 19 años no parece mucho más joven que yo (en las fotos parecía más tierno), incluso podríamos ser perfectamente de la misma edad, pero eso no es lo peor, su mentalidad es algo viejuna, un poco facha, además pensé que sería yo el que tomaría el papel de admirador de él, pero ha sido él el que ha hecho eso y me ha cortado. Ha sido una cita incómoda, porque él no dejaba de hablar de cosas nada inspiradoras, y para el colmo no dejaba de delatar su gran incultura (más allá de la inexperencia de su edad), la falta de interés por las cosas, su falta de visión, de perspectiva y de aventura. No creáis que me dejo llevar por la envidia que temía tanto ayer... jaja. Más bien me siento engañado y un poco tonto por creer cosas que me inventé para llenar los huecos que deja internet, y que en el cara a cara quedan resueltos, casi siempre para mal.


Ese adolescente ha resultado ser un gañán con Google a su alcance cuando chateábamos y que en el cara a cara con el cerebro como única arma se ha delatado no sólo como inculto sino como mentiroso. No es que chateáramos sobre la tabla periódica o sobre la segunda persona del imperativo del verbo saber, pero él sacaba temas rebuscados intentando impresionarme y se ha topado tanto él como yo con el muro de la realidad. Hay que ser abierto de mente, pero al final la educación es la educación y no se pueden ignorar los puntos comunes que nos unen a unos con otros. La verdadera misma especie no está en las horas qué duermes ni siquiera en las horas que compartes con alguien, sino en la visión y el pensamiento, en haber vivido, respirado y mamado en el mismo ambiente, y ahí es cuando alguien te sorprende en unos minutos sin necesidad de recurrir a esa situación tan cierta pero poco intensa de "el roce hace el cariño".

Yo ayer estaba enamorado de mi pasado, de lo bien que me veía en ese adolescente, pero no del chico en absoluto, ayer lo sabía, pero creía que habría alguna posibilidad de que la realidad y mi idea esta vez estuvieran unidas por puntos comunes.

Me sentía tan mayor e ínfimo ayer frente a él (me gustaba en el fondo eso) y sin embargo ahora estoy casi enfadado por quitarme esa nueva humildad que adquirí ayer. Vuelvo a mi vida, a mi juventud, a verme la cara tan tersa como hace cinco años y a valorar la nueva aventura a la que me encaro la semana que viene, tan parecida a las que vivía de la mano de mis admiradores antes.

Los que me seguís en facebook, ya lo habéis leído, un chico me ha invitado a pasar unos días con él en París, del 26 al 30, y además con una noche que pasaré yo solo en la ciudad :)

Mañana os hablaré de él y de las circunstancias, entenderéis muy bien mi baja autoestima, mi preocupación por el físico, la juventud y la frescura cuando leáis a qué se dedica mi nueva  y madura conquista.

La cita de hoy con el adolescente me ha servido al menos para darme cuenta de que más allá de la buena cara que se tiene de joven tengo algo mejor, y sobretodo no tengo nada que envidiar, mucho menos ahora. La crisis de los 40 la dejo para dentro de 15 o 20 años.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

De mi especie

Hacía mucho que no tenía la sensación que tenía a los 17 o 18 años cuando me encantaba pasar las noches en vela hablando por internet con chicos, pensaba que la sensación especial ya no era posible, que era necesaria la candidez de esa edad y que ya no lo tenía. No estoy hablando de amor, pero sí de ilusión, esta noche he reconocido muy bien aquello, como cuando Antonio se conectaba y ponía su webcam, se le veía todo verde, como en una visión nocturna, él estaba rapado y yo le dije que parecía un soldado (y lo parecía de verdad). Yo estaba preparando la selectividad, no había estudiado nada durante el curso y me pasaba las noches con el libro abierto y estudiando con Antonio mirándome desde su casa, dándome ánimos. Al final saqué una media de 7'9 y lo celebré haciéndole una visita a su ciudad, yo tenía 17 años y nunca había viajado solo, fue un fin de semana que nunca olvidaré, me sentía tan mayor y en realidad era tan niño...


Nuestra relación virtual y nuestra conexión mental fue sólo posible por nuestro insomnio, por ser los únicos que andábamos por la lista de conectados a las 3, las 4, las 5 de la mañana, y él, que era el primero en ver la luz del Sol en su ciudad era quien razonaba y nos mandaba a los dos a la cama. Aún hoy le veo a veces, cuando me conecto a mi antigua cuenta de hotmail y sigue igual, como yo, sin dormir. Hoy le he echado mucho de menos porque estoy chateando con otro insomne, hasta ahora no había encontrado otro además de Antonio que pudiera seguirme el ritmo y que yo quisiera que me lo siguiera, porque hay muchos insomnes en el mundo, pero casi ninguno me ha gustado ni son capaces de trasmitirme nada.

Ahora también recuerdo a todos aquellos con los que charlé, Víctor, Invernadero... Borja... JAVI! Otros insomnes con los que chateé en la adolescencia y con los que compartí muchísimas horas. Guau... qué recuerdos y cuántos años han pasado.


Cuando uno va creciendo empieza a entender lo importante que son las cosas sólidas con una buena base, cuando todo aquello ocurrió yo no pensaba en nada, las cosas sucedían y nada tenía antecedentes, todo era nuevo, salvaje y mi cerebro reaccionaba muy sobresaltado, con un poco de miedo y mucho espíritu aventurero. Como cuando empecé el blog y a salir por sitios nuevos, después todo se ve muy distinto, más mediocre.

Yo siempre pensé que me iban a gustar más mayores que yo, absolutamente siempre. Y hoy me he dado cuenta de que me he encontrado conmigo cuando estaba en el instituto, quiero decir con un chico que me recuerda a mí en aquel entonces, me ha hablado de sus cosas, de sus amigos, de las clases y cómo no, de lo caliente que estaba, exactamente como yo a su edad. Mi orgullo me impide babear por él, porque es mi peor rival frente a Antonio, Lobezno y todos los hombres que me gustan y me han gustado, es muy duro.


Me he enamorado de mi pasado, y ese chico es el que lo ha detonado, con lo que tengo que luchar contra los sentimientos para no enamorarme de él sin razón. Si mis chicos me han visto alguna vez como yo veo a este jovencito, entiendo muchas cosas, las caras de Antonio, el paternalismo de Lobezno, los regalos de Jorge, las llamadas obsesivas de Javier... 

Estoy muy ilusionado con el chico que he conocido, es de mi especie, nos entendemos al 100%, pero en realidad soy yo el único que lo sabe, él solo siente lo que yo a su edad, es impulsivo y sensitivo pero no sabe nada de lo que está pasando conmigo, no sabe que me recordará siempre. Pronto quedaremos, para celebrar que lo ha aprobado todo este trimestre. Conocerle puede fascinarme o destruirme, ese chico me encanta y me da miedo a partes iguales, representa cosas que yo ya no seré y ve cosas que yo ya no veo, no sé si veré a través de sus ojos, si me ilusionará o me deprimiré, compararé y acabará dándome rabia no poder recuperar muchas cosas que sólo se tienen a esa edad. 

Y tengo 24 años... no quiero pensar qué será de mí si sigo con esta mentalidad a los 40. 

Un verdadero vaquero



Para ser un vaquero como Dios manda hay que nacer en Estados Unidos y concretamente en algún sitio de la América profunda. El sombrero no es imprescindible, pero la camisa de cuadros y los pantalones vaqueros son obligatorios.


Si el vaquero es real será musculoso por narices, porque su trabajo le exige mucho esfuerzo físico,  no es una musculatura de pesas, es esa que hace a los hombres tan viriles, y que con vello queda mucho mejor, y sobre eso, la genética de un verdadero vaquero con suerte le cubrirá de vello morbosísimo, por el pecho y todo el torso en general, los brazos, las piernas... y la barba.
A pesar de parecer tan duros, los verdaderos vaqueros son muy tiernos y aunque son americanos tienen su punto de humor inteligente que te dejaría sorprendido.


Los vaqueros reales o son morenazos o son rubiazos, pero siempre macizos y bronceados, pasan mucho tiempo solos y en la naturaleza así que se desnudan sin problema al aire libre, se bañan en un barreño y no tienen problema en tocarse la polla si quieren cuando les apetece.


Les gusta su cuerpo tal y como es, si están cachas genial, si les sale tripa por beber tanta cerveza son igual de felices siempre y cuando puedan seguir montando a caballo. Nunca se depilan y en lo único que se permiten licencias de moda es en las botas y en la barba. Eso sí, siempre se dejan pelo en la cara, ya sea la barba entera, perilla, patillas, bigote... 


Tienen la voz ronca, hablan muy fuerte y fuman. No saben decir cosas bonitas, pero como tienen los dientes tan blancos y lo que dicen lo dicen con tanta sinceridad a ti te encanta igualmente. Además tienen un punto extraño que no tienen los hombres de ciudad, porque los vaqueros como son de campo y en sus pueblos no hay casi gente todo lo que haces y todo lo que eres les sorprende y lo ven fascinante, y a ti te fascina eso. Porque no se preocupa por ir fashion, ni por su cuerpo aunque tenga un cuerpazo, no se estresa por ligar más que sus amigos y lo único que le preocupa es que el bigote le haga lo más viril posible.

lunes, 13 de diciembre de 2010

¿Con o sin pelo?

LLevo toda la tarde acariciando mi barba y mi torso de cachorro, indeciso... afeitar... dejar salvaje... afeitar... dejar salvaje...


Yo no tengo ninguna duda, el hombre cuanto más oso más hermoso (vellosamente hablando, las grasas ya son otra cosa), las barbas, los pechos peludos, axilas, todo peludo. Me encantan los hombres peludos y muy pocas veces fantaseo con un cuerpo lampiño o depilado... quizás una de cien.


Yo aunque me depilo o me afeito de vez en cuando, porque me gusta mi cuerpo con un aspecto más... juvenil por así decirlo, también me permito mis épocas osunas y me da morbo ser follado y verme peludo y que al otro le de morbo mi vello o mi barba. 
También me encanta ver dos peludos enrollarse, dónde hay vello hay alegría.
Mi conclusión de las fotos... mi novio como los de la derecha, y yo... cambiando de derecha a izquierda según me de.


Cuando era aún un suave adolecente, que el poco vello que tenía era rubio e invisible, ya me paré a diferenciar  chicos sexys de los que no lo eran en base a si tenían al menos vello en las axilas y desde el pubis al ombligo. Mi padre tenía y mi hermano también, así que esperé que fuera mi turno. Mientras esperaba me interesé en descubrir quién tenía vello, por dónde, qué espesor, qué color, que largura... 


Patillas, camisas desabrochadas con vello debajo eran mi vicio en aquella época. Y mi primer novio, tuvo que ser siete años mayor que yo para llamar mi atención gracias a que le vi en pantalón corto y necesité saber si tenía tanto vello en el cuerpo como en las piernas. No era de los chicos más velludos con los que he estado, pero a esa edad su vello de joven me bastó para saciar mi hambre velluna. 


Cuando descubrí por fin que el vello de mi pubis iba subiendo hacia arriba y se asomó por la cinturilla de los pantalones fue un día feliz para mí, y cuando el vello de mis axilas se hizo visible a 5 metros, y cuando descubrí que el dorso de mi mano también se iba a cubrir me alegré también. Después sin embargo no me gustó tanto que me saliera en los glúteos, pecho y aunque en los hombros tengo cuatro, no me hizo tanta gracia, me hacía mayor... y entonces me depilé todo por primera vez muy disgustado. Luego lo asumí y me da morbo estar peludo y exhibirme tal cual.


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