Ayer quedé con Lobezno después de bastante tiempo, ahora vive en una buhardilla con terraza y puede subirse al tejado. Había Luna llena o casi, a pesar de lo incómodas que son las tejas yo estaba cómodo y relajado en aquel sitio tan lejano a mi vida, un tejado, creo que es la primera vez que me subo a uno.
Lobezno empezó a dormitar mirando el cielo naranja. Yo miraba alrededor, estaba al aire libre en pleno centro de Madrid, oía las voces, veía el reloj rojo de la Gran Vía y todos los edificios altos, pero ninguna ventana lo suficientemente cerca para que nos pudieran ver. Se me ocurrían mil maneras de sacar partido a ese ambiente y poder contar esa historia siempre, durante todas mis edades, Lobezno después de mucho rato de silencio me preguntó qué estaba pensando tan concentrado.
"Me levanté, me quité los pantalones cortos y me apoyé en una chimenea de piedra, Lobezno lo entendió perfectamente, más allá de asuntos personales aquel tejado necesitaba una historia importante y un final feliz, me merecía poder contar que he follado en un tejado de Madrid. Se acercó, se desnudó y me la metió, la gente del bar de abajo hablaba, nadie a más de cinco metros podría distinguir la figura de dos hombres teniendo sexo en un tejado en la oscuridad."
El poder de la mente no sólo me martiriza con complejos y comeduras de tarro, también me da algunos momentos entretenidos y privados (por desgracia demasiado privados), y como era de esperar la historia del tejado acaba antes que me bajara los pantalones. Pero no se me puede negar que hubiera sido una historia para contar durante toda la vida! Cuando estaba fantaseando en aquel tejado al lado de Lobezno, me sentí casi con el derecho de exigir que cumpliera con todo el guión. ¿Cómo me iba a bajar de aquel sitio sin haber completado la película entera? Era impensable.
Pero nos bajamos... aunque con esa idea y esperanza en la cabeza alargué las horas para ver qué pasaba... se hizo tarde y me quedé a dormir con él. En la cama no recuerdo cómo logré enlazar la conversación para delatarme a mí mismo porque sólo pensaba en una manera de decir...
- Aunque no me hayas follado en el tejado - dije con tono de broma pero muy en serio.
Al despertarnos esta mañana hemos desayunado en la terraza, Lobezno sigue como siempre, me besa, me llama precioso, me hace mimos, pero su polla sigue muerta ante mí... Y en el ascensor, bajando a la calle, sentí casi físicamente como tenía que arrancarme de aquel tejado, como quien se agarra a la pata de un mueble para que no le obliguen a irse.
"Me paró al bajar del tren, me di la vuelta y nos quedamos callados. Quieres venir a mi casa - le iba a decir... Sí - me quería decir él. En mi casa no habría nadie y él probaría mi cómoda cama, harta de pajas, esperando un nuevo peso y un nuevo movimiento."
Pero la verdad es que a pesar de notar que venía detrás de mí por la calle ni yo tenía la intención de pararle ni él hizo nada por pararme a mí.
Esta noche he quedado con Polo, no sabe la suerte que tiene de que tenga tanta imaginación, aunque en realidad utilice su cuerpo y el paisaje para ignorarlo y recrear lo que echo tanto de menos. Al final él se encarga de manejar un fuego que no es del todo suyo, al menos hay que reconocer que lo maneja bastante bien :)














