Desde que era niño he tenido el sexo rozándome en la televisión, los carteles de anuncios de perfume... Todo rezuma sexualidad cuando creces con la punta de los dedos en esa frontera transparente que existe cuando se es menor y aún el sexo no adquiere la cualidad de explícito pero puedes ver sin tocar.
Durante ese tiempo desarrollamos fetiches que nos van a durar para siempre, imaginarse vivir en el imperio romano y compartir las termas con soldados, ser un discípulo adolescente griego vestido con un un simple quitón rodeado de filósofos maduros, ser un príncipe persa y que te adoren o servir de modelo a artistas en el Renacimiento.
Cuando crecemos entre todas las fantasías románticas siguen evolucionando los morbos, las termas se convierten en saunas, los discípulos quizás en chaperos, los príncipes en amos y los modelos de artistas en exhibicionistas, no lo toméis como literal, es una reflexión a grosso modo.
También es muy común tener escenarios que te ponen cachondo, muchas veces ligados a cierta situación, como estar en la cárcel y que abusen de ti los guardias, o al revés... el vestuario del gimnasio, un descanso después de sudar en el cuartel militar, un despacho cuando todos se han ido, la sala de castigos del colegio, un bosque...
Y como todo es una obra de teatro, nos ponemos máscaras, que son las zapatillas curradas, los arneses, las botas militares, una gorra de policía, un collar de perro, un suspensorio quizás por deportista quizás por entrega... hay millones de fetiches, calzoncillos de todo tipo, calzado de todo tipo con su propia personalidad, cuero, algodón, goma... hay quien se conforma con una muñequera de cuero y quien tiene el total look, desde la gorra, la camisa y los chaps a las botas.
Todo ello evoluciona y el sexo que no llega al cerebro se queda muy atrás, en los primeros toques de la adolescencia, pero todos acabamos necesitando complementos como el glamour, el macarrismo, la dureza, el riesgo de ser pillado, hacerlo con espectadores, el sabor del sudor, el tacto de una cabeza rapada, los entornos llenos de hombres cachondos, tomarse una copa en calzoncillos y podrías rizar el rizo con fantasías mucho más complejas, desde que te meen, insultar, los hombres travestidos, lamer suelas, hasta azotes incestuosos. Hay para dar y tomar.
Yo tengo internet desde los 12 años, además de estudiar y evitarme paseos a la biblioteca, con los años también gracias a la red me apretaba contra esa frontera transparente de la que hablaba al principio. Cuándo has visto de todo, fantaseado con todo, valorado todo... ¿cómo amoldas tu imaginación morbosa a la cruda realidad? ¿Dónde está el estímulo en locales donde nadie se conoce si las pollas son todas tan parecidas en el fondo y lo que quieres es la polla de un leñador osuno en mitad de un bosque, o la de un surfero en Santa Mónica al atardecer en la playa, o la de un ejecutivo extranjero en un hotel de lujo? Una polla con fetiche, con adorno, que esté pegada a algo morboso que la complete y no sea un simple trozo de carne.
¿A dónde vas entonces? ¿A quién te quejas si las termas romanas ya no existen y nunca te vas a ver en el vestuario de un equipo de fútbol como el del vídeo que viste ayer cuando te pajeabas?
El morbo es muy psicológico y se le puede engañar ¿pero os es fácil encontrar un sitio y gente con quien poder teatralizar vuestros fetiches? ¿Cuántos de vosotros tenéis fantasías simples o complejas alejadas de vuestra vida cotidiana o que sólo funcionan cuando las pensáis? ¿Echáis de menos más compromiso por parte de los morbosos para realizar fantasías?
Es algo que he hablado a fondo con Capuccino, el chico que vino conmigo a la IntoTheTank. Y el fin de semana pasado vino a Madrid, pero yo no pude salir con él a morbosear porque estaba griposo y le pedí un relato pormenorizado. Podéis leer su relato haciendo clic en la imagen de abajo.




